viernes, 21 de septiembre de 2007

Y sin embargo...

Y así, sin poder ordenar más palabras, el amanecer exprime sus últimas gotas aquejado del olvido al que lo tenemos acostumbrado y sin mediar malsonantes estrofas se desvanece como herido en el silencio.

Y sin embargo…

A todos los amaneceres que procuraron tenerte a mi lado, escuchando cada segundo del silencio que respiramos, cada batalla que reza sobre nuestras manos, ancladas en cuerpos opuestos, como intentando no desprenderse del vacío que deja en sí la oscuridad.

A todos aquellos amaneceres que destierran las palabras hacia lugares ocultos del alma, escondidos bajo el vendaval que tu pelo recrea en mis dedos, siendo nuestras miradas las únicas confidentes que entre tu y yo parecen detenerse en esta oscura noche, como intentando no despertar al tiempo de su impío y pasajero sueño.

A todos los amaneceres prohibidos, cohibidos por un segundo de eternidad que se entrelaza entre nosotros, valientes y desordenados, cautelosos como la suave bruma, ligeros como el suave viento que mueve nuestras cabezas.

Los amaneceres contrariados porque tú no estás, porque en ellos no esta escrita la distancia

A todos y cada uno de ellos…

Gracias


(A Susana, porque es de ella de donde ahora nacen mis palabras)

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